Los volcanes fascinan y propagan terror, al mismo tiempo. Pueden devastar regiones enteras en un corto espacio de tiempo, pero también son la fuente de nueva vida. La lava que emerge de un volcán en erupción crea nuevas islas y enriquece suelos donde las plantas crecen mejor.  Gracias a estos suelos fértiles, aproximadamente medio millón de personas, deciden vivir próximos a volcanes activos. Muchos de ellos son conscientes del peligro, pero asumen el riesgo a cambio de abundantes cultivos y aguas termales. Especialmente en Islandia y en Japón, bañarse en estas aguas templadas es muy popular. No solo por los beneficios físicos para la salud, sino también para la producción de energía.

No todas las erupciones volcánicas son una amenaza para las vidas humanas. De hecho, las erupciones de lava roja incandescente son, rara vez, peligrosas incluso si un río de lava alcanza zonas habitadas. Por el contrario, el llamado “vulcanismo gris” es mucho más peligroso. Esta expresión se usa para denominar a las explosiones volcánicas producidas con ingentes cantidades de ceniza volcánica, que pueden llegar a la atmósfera y ser un peligro para el tráfico aéreo. Grandes cantidades de cenizas y gases volcánicos afectan al clima global. Particularmente peligrosos son los flujos piroclásticos:   rápidas y candentes nubes de gases ardientes, cenizas volcánicas y rocas de lava. Estos fenómenos son imparables, mientras se precipitan por las laderas del volcán, como un aerodeslizador sobre un cojín de gas, a temperaturas de 800ºC. Muy pocas personas pueden escapar de estas situaciones.

A lo largo de la historia, las ciudades romanas de Pompeya y Herculano fueron devastadas por estas nubes candentes- probablemente 10.000 personas perdieron la vida. El hundimiento de la isla indonesia de Krakatoa, se llevó 36.000 vidas. La erupción volcánica envió flujos piroclásticos a más de 50 km. de la isla a través del mar y abrasó a numerosas personas en Sumatra. Los tsunamis resultantes por la destrucción de la isla, se llevaron consigo, incluso a más víctimas.

En años mucho más recientes, varios cientos de personas murieron por las erupciones del Monte Merapi en la isla indonesia de Java. En Sumatra 14 personas perdieron la vida durante la erupción de Sinabung y otras 50 víctimas siguen todavía desaparecidas.

Trabajando como camarógrafo, dedicado a filmar erupciones volcánicas, estas tragedias humanas me afectan profundamente. Sin embargo, la fascinación por los volcanes, persiste. Soy testigo de la imparable historia de la creación de nuestro planeta, tratando de capturar la belleza de sus fuerzas en imágenes. Es mi intención tratar de abrir los ojos de los espectadores, en los procesos geológicos de nuestros planeta, y estoy particularmente feliz, con el interés que despierta en los más jóvenes. Solo aquellos que conocen, tanto como es posible, las muchas facetas de nuestro planeta,  serán capaces de entender, amar y preservar la belleza de la naturaleza.